Cuando se hace la investidura para ser Rover Scout, se menciona que
cuando ya no esté uno presente en esta vida, pueda decirse con satisfacción:
"el mundo es mejor porque tú viviste en él". Ahora puedo afirmar
y decir con gran emoción que Enrique Jolly Prieto ha dejado huella entre
nosotros, sus hermanos scouts del Grupo VII, porque su vida fue vivida
intensamente, sin dejar duda alguna de su amistad desinteresada hacia
nosotros. Fue una vida de veracidad en su actuar, enérgica, inflexible
en sus convicciones y plena de gratitud hacia la existencia. El día
25 de febrero ha dejado físicamente este mundo y ahora permanece en
nuestra memoria.
A
mi mente llegan aquellos momentos iniciales de nuestra amistad, cuando
nos encontramos en el bachillerato de arquitectura del Colegio Francés
Morelos, hoy Centro Universitario México. Terminamos juntos la preparatoria
y para mi sorpresa, él cambió de rumbo y cursó el bachillerato de medicina
que le permitió ingresar a la correspondiente licenciatura. Posteriormente
ingresó a la facultad de medicina veterinaria y ante los posibles rumbos
profesionales a seguir, se decide por el ámbito de las bellas artes,
la escultura.
Aquella
indecisión aparente de su camino para orientar su campo de acción en
el porvenir, mal juzgada por mí al calor de mi inexperiencia de la vida.
Ahora, aprecio el coraje y la hombría de Enrique por su decisión al
cambiar de rumbo y encontrar sentido a la vida, a través de su pródiga
actividad profesional.
Así
en el transcurso de nuestra amistad participamos en fuertes actividades
rovers, como escaladas en roca en compañía de Víctor Becerra y Güido
Letechipía, incursiones al río subterráneo San Jerónimo; al descenso
de ríos; ascensiones a los volcanes nevados; a bailes y pachangas y
puedo decir con gran satisfacción que el común denominador de su participación
fue la entrega por hacer lo mejor. Fue un excelente guía de la patrulla
Cóndores, en donde ya vislumbraban sus grandes cualidades de artista.
Son
muchas las anécdotas que me vienen a la memoria... el salvamento que
le hizo a Güido en el Río San Jerónimo cuando en la carencia total de
luz se estaba resbalando al vacío; existe la película que yo tomé cuando
se tiró a nadar en el río Amacuzac, cerca de Las Garzas, para rescatar
nuestra balsa, que se hubiera perdido en el gran caudal de agua; su
disposición entusiasta por abrir rutas al escalar en roca para llegar
al objetivo programado. Solamente nosotros, los que tuvimos la fortuna
de su amistad podemos comentar esas actividades que tal vez forjaron
la fortaleza característica de Enrique.
En
compañía de Sergio Fernández, quien más tarde llegara a ser su discípulo
en la escultura, durante seis meses recorrieron el río Amazonas. En
ese viaje dejó huella de amistades a las que acudió posteriormente con
frecuencia para internarse en los poblados aislados de la civilización
de la selva amazónica y visitar a los amigos que cultivó. En el lapso
de un año viajaron por Sudamérica. Fue varias veces a Europa, alguna
en compañía de Güido Letechipía. Conmigo, realizamos algunos pequeños
viajes a diversas zonas arqueológicas de nuestro país. Así, cada uno
de nuestros hermanos rovers, podría llenar innumerables páginas de anécdotas
para confirmar la riqueza vivencial con la que se identificó Enrique.
Recorrió
en dos ocasiones el Océano Atlántico en carabela, una de ellas fue construida
en Alvarado, Veracruz, en la cual participó en su ejecución y contribuyó
artísticamente en ella. En esas travesías, permaneció por espacio de
seis meses aproximadamente en cada una de ellas. Iba a realizar en el
mismo barco otra travesía hacia Japón, pero desafortunadamente no la
pudo efectuar por motivos de salud y por envidias de los supuestos organizadores.
Aquí surgió la calidad humana que poseía, ya que enfrentó las condiciones
injustas y sus circunstancias, con dignidad ante la adversidad.
Al
cabo de los años y en su vida profesional, alcanzó gran prestigio internacional,
que desafortunadamente no fue reconocido en nuestro país, tal vez, por
su acendrada modestia. Fue invitado a participar durante varios años,
a unas exposiciones anuales singulares ya que únicamente los diez mejores
escultores y pintores del mundo podían exponer sus obras referidas a
los animales de cacería, en la ciudad de Houston, Texas. En las pocas
exposiciones que realizó en nuestro país, no recuerdo que haya participado
con su presencia. En una exposición que realizamos Güido Letechipía,
Enrique y yo en la ciudad de León, Guanajuato y siendo él, originario
de Acámbaro, lo esperaban los organizadores, pero fue en balde, ya que
se fue a su casita que tenía en Quintana Roo.
Era
el único autorizado para producir figuras comerciales de los personajes
de Walt Disney, habiendo trabajado en los estudios Disney de Orlando,
Florida y en California.
Por
su estudio, pasaron alumnos que actualmente se han distinguido con diversos
premios en distintos certámenes y bienales de escultura.
Hago
hincapié en su condición física, ya que tuvo un infarto en un lapso
de más de 20 años, posterior al viaje del amazonas. Su carácter y su
deseo de vivir plenamente la vida, le permitieron realizar los diversos
viajes y expediciones que se proponía y su energía física, psicológica
y espiritual le permitieron hacer profusa su obra artística. A su vez,
estas acciones le dieron valor para vivir intensamente.
Comentábamos
con alegría, acerca de las millones de personas que hubieran deseado
hacer una mínima parte de lo que realizó Enrique. Estoy convencido de
su calidad y características innatas, y que gracias a la filosofía del
escultismo, encontró tierra fértil para actuar en este mundo, aunque
dicho sea de paso, nunca lo exteriorizó.
Hombre
polémico por la veracidad de sus principios que muchos no entendían.
Se podía platicar con él sobre temas variados como el arte, la política,
la religión, pudiéndose discutir con él, porque se basaba en el principio
al respeto y la dignidad de la persona, aunque en varios aspectos no
se estuviera de acuerdo con sus puntos de vista.
Podría
seguir describiendo más anécdotas que dieran un semblante de su filosofía
del escultismo con la cual vivió su vida intensamente. Basta por el
momento y que esto sea un reto a las nuevas generaciones.
¿Qué
mensaje nos deja a nosotros, sus hermanos scouts? Simplemente nos demostró
que se puede vivir la vida con dignidad y proyectar la amistad con espíritu
esculta. En ese sentido nuestra hermandad del Grupo VII se ha enriquecido...
"nuestro mundo scout es mejor porque Enrique vivió en él".
Biografía
escrita en el mes de febrero del año 2000 días después del deceso de
Enrique.
Por
Alberto M. Saavedra Castillo R.S.
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